El Siglo XIX
DE UNA REVISTA FEMENINA DE LA ÉPOCA VICTORIANA
"Al igual que la tímida aurora ofrece la promesa
del
glorioso amanecer, así sirve de heraldo el anillo de
esponsales -símbolo de compromiso -, como si fuera
un emblema que indicase el cumplimiento de la
solemne promesa."
Las ocho damas de honor
que atendían a la Princesa Alejandra de Dinamarca en le día
de su boda con el Príncipe de Gales, celebrada en Windsor en1863,
admiran el regalo que van a hacerle a la novia: un brazalete con sus
retratos en miniatura identificados mediante las iniciales en diamantes
de cada una
Al iniciarse el siglo, la mujer, recatada y decorativa, frágil
y reverenciada, se hallaba firmemente instalada es su pedestal. Las
joyas combinaban a la perfección con su idealizada posición
social..., bellas, femeninas, sentimentales. Los símbolos de
amor, los corazones, las coronas, las flores, perseguían a
la mujer desde el siglo anterior. Y lo mismo ocurría con la
sortija conmemorativa. Las sortijas con retratos albergaban el del
ser amado, y estaban elaboradas con exquisito detalle. Ocultos en
relicarios, broches y sortijas había mechones de pelo de niños
o de enamorados que se cuidaban con ternura.
Pero paralelamente a este delicado atractivo tipo de joyas de sentimientos
había otra clase que desempeñó un importante
papel como símbolo de categoría social durante el siglo
XIX.
La revolución industrial significó la fortuna para muchos.
El próspero hombre de negocios hacía público
alarde des su recién adquirida riqueza cargando de joyas a
su esposa.
Los diamantes se cotizaban cada vez más. En 1870, la oferta
se equipará a la demanda gracias al importante descubrimiento
de las minas de diamantes del continente africano. De pronto el símbolo
de categoría social que poseía el diamante quedó
al alcance de un sector de público mucho más amplio.
Cada vez un mayor número de parejas jóvenes elegía
la sortija de diamantes para sellar su compromiso, sortija que solía
ser un solitario o una combinación de varias piedras más
pequeñas.
Quedó establecido por entonces que la novia podía esperar
dos anillos: uno, de compromiso, con una piedra preciosa engastada,
y el actual anillo de boda, que en la época victoriana no era
más que un fino aro de oro. Los catálogos comerciales
de la época muestran la inmensa variedad de diseños
existentes, algunos de los cuales podían adquirirse por sólo
dos libras. Hay diseños de solitarios, de medios aros, de racimos
dobles y sencillos, de abanicos, de panel, de navette, de entrecruzados
y de anillos de dos partes, como el "Toi et moi".
La talla brillante era la que predominaba. A Peruzzi, un tallador
veneciano, se le atribuye la invención de la primera versión
de esta talla en 58 facetas; sin embargo, hasta el siglo XX no quedó
completamente al descubierto el brillo y el poder del diamante.
La nueva y rica provisión de diamantes en bruto influyó
en el diseño, y el engaste perdió la atención
especial de que disfrutaba a favor de la propia piedra. El sencillo
e inmaculado diamante se convirtió en la cumbre da la moda...,
y la nueva y revolucionaria montura Tiffany consiguió que esto
fuera más factible que nunca.
Tiffany, la famosa firma de joyeros neoyorquina, inventó un
espectacular engaste abierto con un sencillo aro de menta en el que
la piedra quedaba suspendida por 6 diminutas patillas o dientes de
platino, material que cuenta con la excepcional propiedad de ofrecer
una gran resistencia aun cuando haya sido trabajada hasta quedar muy
fino. Este engaste permite que la piedra expuesta emita el más
amplio juego de luces desde cada una de sus facetas. A diferencia
de los engastes antiguos, que sólo dejaban al descubierto la
superficie de la piedra y en los que cualquier imperfección
pasaba inadvertida, la montura Tiffany constituía un método
adecuado de probar la calidad del diamante concediendo una nueva importancia
a la talla, al color y a la pureza.
A lo largo de este próspero siglo, nadie disfrutó de
las joyas más que la Reina Victoria. Poseía una inmensa
colección y gastaba muchos miles de libras en sus adquisiciones
a los joyeros de la Corte, Garrard. En 1850, su colección se
vio coronada por el Kohi-Noor ("Montaña de luz"),
que entonces era el mayor diamante del mundo y que fue regalado por
la East India Company.
Probablemente, una de las piezas favoritas de la reina Victoria fuera
un sencillo aro esmaltado con un único diamante, regalo de
su amado Alberto cuatro años después de su matrimonio.
Con posterioridad, la reina Victoria eligió como anillo oficial
de compromiso algo menos comedida: un sortija en forma de serpiente.
Este tipo de sortija era uno de los símbolos predilectos del
siglo XIX. Los anillos del animal, curvados, formando un círculo,
representaban la eternidad. Otras versiones más valiosas llevaban
los ojos y la cabeza de diamantes.
El siglo XIX presenció cambios trascendentales en el diseño
de las joyas. Primeramente imperaba el sentimiento imaginativo y delicado.
Durante la década de 1860, la dócil mujer del pedestal
bajó de éste para reclamar su derecho al voto y a la
educación y para exigir nuevas libertades; en justa correspondencia,
las joyas se hicieron mayores, atrevidas rotundas. A finales de siglo
surgió un espíritu romántico y librepensador
y el Art Nouveau devolvió al diseño una flexible delicadeza.
A lo largo de todos los cambio, la vívida belleza e indestructibilidad
del diamante continuó siendo el símbolo definitivo del
amor y la felicidad.
El Siglo XX
LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS
"Los hombres se enfrían a medida que las
mujeres envejecen y al final todos
perdemos nuestros encantos ...
Pero ya sea en talla cuadrada o en diseño
de pera, estas piedras nunca pierden la
forma; los diamantes son los mejores
amigos de una chica."
La constelación Sagitta, La Flecha.
"... el primer rayo dorado de sol atravesó los innumerables
prismas de un inmenso y exquisitamente cincelado diamante - y un blanco
resplandor se encendió."
Cuando Scott F. escribió "Un diamante tan grande como
el Ritz" no carecía de inspiración. Pues en su
siglo, este siglo, el diamante ha desarrollado su pleno potencial. Las
técnicas modernas de tallado y pulido han conseguido extraer
toda la belleza de la piedra de tal forma que dada una de sus facetas
irradie luz blanca. Los materiales modernos han librado al diamante
de los anticuados engastes, abriendo unos horizontes plenamente nuevos
a los artesanos del siglo XIX.
Hacia el año 1900, el platino fue aceptado de forma universal.
Por su brillante blancura inoxidable, su durabilidad y su resistencia,
el platino recibió el sobrenombre "metal del Cielo".
Con el platino como único recurso a mano, el joyero fue capaz
de reducir el engaste de la sortija de forma espectacular. El diseño
se centraba cada vezmás en la piedra; el engaste fue reducido
a la mínima expresión; las metáforas decorativas
quedaron relegadas a un segundo plano. El propio diamante constituía
todo el simbolismo necesario.
Las tallas se convirtieron en monumentos de perfección matemático:
en forma de esmeralda, cuadradas, rectangulares, en forma de pera y
navette; engastadas como solitarios o en racimo. Para los millonarios
modernos un gran solitario -coloreado o blanco, o bien con un diamante
coloreado entre dos piedras blancas- sería una elección
a la moda.
"En tallas cuadradas o de pera, estas piedras nunca pierden
la forma...", los diamantes han sido siempre los mejores amigos
de una chica.
Tentadores diseños aparecieron en los catálogos y anuncios
de todas las grandes casas; Harry Winston, el joyero americano; Tiffany;
Boucheron, Cartier -primero con diamantes en tallas- bagette de contorno
geométrico. Estos y otros utilizaron profusamente los materiales
y técnicas modernos.
Las imaginativas habilidades de los diseñadores del siglo XX
continuaron deleitando a los enamorados con nuevas y exquisitas formas
de presentar estas románticas piedras. En fecha tan reciente
como 1981, el gran fabricante alemán Niessing inventó
el anillo con engastes de tensión en platino, donde el diamante
flota como si estuviera mágicamente suspendido entre dos mitades
de aro.
La reina Victoria no fue la única soberana que fue obsequiada
con un diamante histórico. En 1905 se descubrió el Cullinan.
Con un tamaño doble al de cualquier otro diamante encontrado
hasta entonces, esta noble piedra fue entregada, en estado bruto, al
rey Eduardo VII, que se tomo un gran interés personal por la
talla del Cullinan. Esta aterradora hazaña fue llevada a cabo
en Amsterdam por Joseph Asscher el 10 de febrero de 1908 exactamente
a las 14,45. El pobre hombre se desmayó a la s14,46, hora en
que cayó la hoja cortadora. Las nueve piedras principales extraídas
del Cullinan forman parte de la colección real en la actualidad.
La tercera y la cuarta piedras son utilizadas a menudo por la reina
como broche y reciben el nombre cariñoso de "los cristalitos
de la abuela".
La actual reina posee la más hermosa de las sortijas de compromiso,
Dicha sortija fue diseñada personalmente para ella por el Príncipe
Felipe. Las piedras, que eran joyas de familia, procedían de
una diadema que había pertenecido a la madre del Príncipe,
la princesa Andrew de Grecia. La sortija de platino lleva engastados
11 diamantes, un solitario central de tres quilates y cinco piedras
más pequeñas en cada lateral.
Nancy Mitford observó en cierta ocasión que "el diamante
posee unos curiosos atributos psicológicos para la mentalidad
femenina, por muy sencilla que ésta sea", y comparó
su magia con un filtro amoroso. Incluso en el mundo moderno, el filtro
amoroso de los diamantes continúa ejerciendo su magia para todos.
Cualquiera que sean los cambios y movimientos que se produzcan en la
moda en el ámbito de la joyería, la sortija de compromiso
con diamantes sigue siendo, indiscutiblemente, la prueba de amor más
deseada para la novia del siglo XX

"Los
ricos son inestables
Y la belleza se desvanece,
Pero el amor fiel durará siempre
Hasta que la muerte lo aleje."
Pese al escepticismo que reina en la actualidad en relación con
los poderes mágicos de las piedras preciosas, el diamante - que
es intrínsecamente la principal y más hermosa de todas
las gemas- siempre será en su brillante indestructibilidad el
símbolo supremo de la unión de dos seres enamorados.
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