historia de las joyas

Desde la más remota antigüedad, los hombres han practicado el arte de adornarse. En un principio con objetos a su alcance como plumas, huesos o conchas. Más adelante emplearon metales.
La mayor parte de los conocimientos que tenemos de las joyas provienen de los objetos personales encontrados en las tumbas egipcias. Eran valiosos objetos de oro y plata sobre los que se incrustaban piedras preciosas y semipreciosas. Algunas de sus técnicas se siguen practicando en la actualidad. Los griegos perfeccionaron la técnica de la joyería introduciendo el esmalte y la filigrana. Los romanos llegaron a dominar perfectamente la técnica del engarce. Durante los últimos años llego a tal extremo su afición por las joyas que cubrían con ellas parte de sus vestidos y calzado.

Emperatriz Sissi


A partir del siglo XV, las joyas entran de lleno en la moda de la indumentaria, las telas de seda y terciopelo de las gentes de posición elevada se adornan con perlas y piedras preciosas. En la España del siglo XVI, el arte de la joyería adquiere gran importancia a causa de los metales preciosos que los conquistadores trajeron de América. A las técnicas españolas se unen las indígenas que adoptan nuevas formas: cornetas, rosas, peces. Más adelante, el desarrollo industrial contribuyó a la democratización de la joyería realizando caprichosas joyas con materiales menos ostentosos y más baratos. El influjo neoclásico del siglo XVIII es otro factor que incita también a una mayor sobriedad.
En el siglo XIX el arte de la joyería vuelve a brillar con fuerza. Los artistas del Art Nouveau dejan a un lado los estilos históricos y adoptan los diseños naturales. Junto a las piedras preciosas emplean el marfil, el vidrio y el esmalte. En los últimos tiempos la joyería ha dado un cambio muy importante con el estudio de las gemas.
Si la joyería es un arte que viene de lejos, también las distintas piezas tienen cada una su historia particular. ¿Cuándo empezaron a usarse los brazaletes, los pendientes, las pulseras? ¿Qué éxito tuvieron en cada momento histórico?

BRAZALETES PARA TODOS

pulsera plata SXI

Desde la antigüedad, es un objeto de adorno empleado por todas las clases sociales. Los ejemplares más antiguos que se conservan son cuatro brazaletes de cuentas, discos y pequeñas placas de oro con turquesas y lapislázuli encontrados en la tumba de Hetepheres, la madre de Cepos, el Faraón que tiene como tumba una de las maravillosas pirámides de Egipto. En Persia, donde añadieron a las joyas temas de hojas, flores y frutos, se encontraron originales brazaletes rematados con cabezas de león o con incrustaciones de granates.
En Egipto los brazaletes eran usados indistintamente por hombres y mujeres, en Grecia en cambio eran considerados como un adorno exclusivamente femenino y cuando lo llevaban los hombres se interpretaba como lujo desmesurado o afeminamiento. Lo mismo ocurría en el Imperio Romano donde raramente los llevaban los hombres. Solamente se usaban los "galbei" que tenían el valor de premio o de insignia.
A lo largo de los siglos el brazalete ha estado supeditado a la moda en el vestir, especialmente a la forma de las mangas. En el siglo XVI, las damas españolas pusieron de moda esta joya que era de oro o de cobre chapado, pero desapareció al venir la moda de los grandes puños y lechuguinas en le siglo XVII hasta que, más tarde, las damas de la Corte del Rey de Francia, al llevarse los trajes sin mangas, impusieron de nuevo el adorno. En el siglo XVIII se colocaron los brazaletes sobre el codo y estaban hechos sobre todo de oro con diamantes incrustados.
En la actualidad se permiten todo tipo de brazaletes desde los más anchos, hasta los más finos. Con piedras preciosas incrustadas o sin ellas.

LA MAGIA DE LOS COLLARES

Aunque los collares se usaron desde la antigüedad, fue en la Edad de Bronce y en la Edad de Hierro cuando aparecieron con mayor profusión. Igual que ocurrió con los brazaletes, en el antiguo Egipto los lucían hombres y mujeres y en ocasiones llevaban colgados amuletos como el escarabajo sagrado o distintas divinidades animales. En Grecia las mujeres utilizaron collares con una estructura formada por pequeñas placas articuladas sujetas al cuello por una cinta. También los formaban con cadenas de eslabones en forma de flores, más anchos en medio y disminuyendo de tamaño hacia los lados.
collar oro SV aJC

En Roma, los hombres los lucían como condecoraciones de carácter militar y las jóvenes usaban una pequeña cápsula colgada llamada "bulla", que era un amuleto que prevenía de las enfermedades. El mayor lujo en los collares lo encontramos en los últimos tiempos del Imperio; las mujeres lucían collares espectaculares adornados con piedras preciosas, perlas y camafeos.
Los árabes y los mudéjares introdujeron en España collares de filigrana con esmaltes, tradición que fue continuada por los plateros cordobeses y granadinos. Italia se impuso con fuerza en el arte de la joyería ya que allí utilizaban el esmalte con gran maestría y contaban con excelentes artistas. El Museo Poldi de Milán posee una valiosa colección de joyas donde pueden admirarse los más valiosos collares que destacaron en la moda joyera de la época. Con la impronta de la influencia italiana en España, en el siglo XVI, se empiezan a hacer collares formados por cartelas iguales a las usadas en la decoración arquitectónica que más adelante se adornan con esmaltes, camafeos y pedrería, características de la primera época del barroco.
Los collares, tal como ocurre en la actualidad, han estado supeditados a la moda de los vestidos y en muchas épocas se han presentado en forma de colgantes. Una importante joya que lucieron en su cuello muchas reinas de España fue el"brocamatón" llamado también el joyel de la Casa de Austria. En él se encontraba el diamante "EL Estanque" y la perla "Peregrina", una de las más perfectas que se conocen. Hay un maravilloso retrato de la Reina Isabel de Borbón luciendo esta joya que fue empeñada por Felipe V para hacer frente a los gastos de la Guerra de Sucesión, aunque se recuperó más tarde y figura en los inventarios hasta el año 1474 en el que se pierde su rastro.

 

PENDIENTES PARA SOÑAR

En sus orígenes más remotos, el pendiente se llevaba como un adorno "unisex", dependiendo del país. En Grecia los usaban solamente las mujeres, en cambio, en los países de Oriente sólo los hombres. Pero así como los collares y los brazaletes han tenido que estar supeditados a la moda del vestir, los pendientes han tenido que depender a la moda del peinado. En la Edad Media con los peinados que tapaban completamente las orejas, los pendientes apenas podían ser utilizados como adorno.
pendientes oro edad de bronce

 

En el Renacimiento, los pendientes volvieron a encontrar un m omento de esplendor y realzaron su belleza con piedras preciosas, perlas y esmaltes. Cuando en el siglo XVII la talla del diamante adquirió nuevos matices, los pendientes de diamantes eran considerados como una de las joyas más apreciadas.
A lo largo de la historia, los pendientes han tenido un gran papel como complementos de moda. Más largos, adheridos a las orejas o en forma de criolla son considerados una de las joyas que más favorecen a la mujer. Su esplendor máximo cuando forma parte de un aderezo junto con un collar y un brazalete a juego.

 

LA ETERNIDAD DE UN SÍMBOLO

Los primeros anillos que se conocen, encontrados en las investigaciones arqueológicas, estaban confeccionados por alambres y materiales primitivos. En las tumbas del antiguo Egipto encontramos las primeras sortijas, hechas con oro de gran pureza, en las que se escribían jeroglíficos con los nombres de sus propietarios, y otras pertenecientes a personas de clase media hechas en bronce, cerámica, ámbar o marfil.
El simbolismo del anillo alcanza su grado máximo en el anillo de oro de los enlaces matrimoniales, que fue utilizado ya en el siglo II. En la Edad Media era una muestra de fidelidad y, en las bodas, los sacerdotes que oficiaban la ceremonias empezaron la costumbre de bendecidlos para que el esposo lo regalara a la esposa y lo pusiera en su dedo anular. También en el siglo XVII se mencionaba ya el anillo episcopal, que era entregado al obispo junto con el báculo en el oficio pontifical. En los países orientales se han utilizado siempre anillos muy lujosos, no solamente en las manos, sino también en los dedos de los pies, con las piedras preciosas más variadas y valiosas como diamantes, esmeraldas, zafiros, rubíes o amatistas. En la actualidad, las sortijas son un punto fuerte en la joyería. Las utilizan las mujeres fundamentalmente, pero también los hombres, a parte del ya tradicional anillo de matrimonio.

LAS SORTIJAS CON DIAMANTES EN LA HISTORIA

CULTURA Y BUENAS MANERAS


"Una sortija de compromiso es un asunto que requiere una seria consideración por parte del joven. Él desea lo mejor que su bolsillo pueda permitirse y, lo que es más importante, el anillo se adapte al gusto de su novia. Ya sea preguntándosele a ella directamente o bien a través de alguien que conozca sus preferencias, averigua lo que desea y trata de complacerla por todos los medios. El mayor y más perfecto diamante solitario que un joven pueda permitirse es desde hace muchos años el típico anillo de compromiso."

"La fidelidad y el cielo son redondos y en ellos se basa el emblema"




El precursor de la actual sortija de compromiso fue un sencillo aro de hierro. La antigua tradición romana consistía en entregar un anillo, un símbolo del ciclo de la vida y de la eternidad que constituía una pública promesa de que el contrato matrimonial entre un hombre y una mujer sería espetado. En la época de Plinio (23 - 79 D.C.) el anillo se fabricaba de hierro. El oro fue introducido algún tiempo después, en el siglo II D.C. Los cristianos adoptaron la costumbre y, de esta forma, el anillo se convirtió en parte integrante de la ceremonia matrimonial.
El simbolismo del anillo -que significa eternidad- no se vio reforzado hasta el siglo XV por el emblema de la fidelidad conyugal... el diamante. No obstante se han transmitido a lo largo de los siglos leyendas sobre las míticas propiedades de esta piedra. Cientos de años antes de Cristo, en la India, donde se descubrieron por primera vez, los diamantes eran más apreciados incluso por su magia que por su enorme belleza y se creía que protegían de las serpientes, del fuego, del veneno, de las enfermedades, de los ladrones y de todas las fuerzas combinadas del mal.



Cada cultura ha valorado al diamante por sus propiedades únicas. En la India se creía que el color de la piedra reflejaba la casta de quien la llevaba y por eso los más preciosos eran los diamantes puros blancos. Roma los apreciaba por su dureza y los consideraba capaces de romper el hierro. Los chinos los valoraban enormemente como herramientas grabadoras, mientras que los supersticiosos italianos confiaban en ellos como protectores contra el veneno.
Especialmente capaz de resistir al fuego y al acero, el diamante (cuyo nombre viene del griego "adamas", que significa invencible) reúne la fuerza inflexible e invencible. ¿Qué mejor emblema para una asociación que habrá de durar toda la vida?.
Desde el suave lustre de los diamantes en bruto del Renacimiento hasta la deslumbrante pirotecnia de la elegante sofisticación del siglo XX, el anillo de diamantes, como un círculo encantado, constituye el auténtico regalo de amor y lealtad entre un hombre un una mujer... el sello definitivo de las promesas realizadas en el matrimonio.


EL SIGLO XV


MATRIMONIO DE CONSTANZO SFORZA Y CAMILLA D'ARAGONA, 1475

Due face in uno anello, de ardente focho
Doi volunta, doi cor, doi fochi insegna
Che siam congiunti in vincul de diamante
'Dos antorchas en un anillo de fuego ardiente
Dos voluntades, dos corazones, dos pasiones
Se unen en matrimonio con un diamante.'


Ya en el siglo XV, las sortijas de diamantes se habían convertido en una característica establecida de las bodas entre reyes y reinas y de los matrimonios por poderes de sus hijos. La fuerza invencible atribuida al diamante con el simbolismo del anillo hacia de él el símbolo perfecto de la armonía en el matrimonio. Esto fue interpretado en la espectacular ceremonia del matrimonio entre Constanzo Sforza y Camilla D'Aragona, que tuvo lugar en Pesaro en 1475, de la que ha quedado constancia en una serie de miniaturas que en la actualidad se encuentran en el Vaticano. El himen de la divinidad, que preside la celebración del matrimonio, se halla representado por un apuesto joven coronado de rosa y vestido con una túnica que lleva pintados anillo de diamantes y lenguas de fuego.

En la época medieval, los ricos se casaban con sortijas engastadas con gemas. Ya en el siglo XV, el diamante, que por entonces era el símbolo reconocido de fidelidad conyugal debido a su resistencia al fuego y al acero, entró a formar parte del ritual de las bodas. Verdaderamente, el empleo de una sortija de diamantes en los desposorios parece haber sido general hacia finales del siglo. Una carta escrita en 1477 al Archiduque Maximiliano justo antes de sus esponsales con María de Borgoña dice: " En los esponsales, su Gracia debe llevar una sortija de diamantes y también un anillo de oro".

Durante una época, el diamante se empleaba en su estructura cristalina natural.
La formación octaédrica o de ocho caras, semejante a dos pirámides unidas por la base, se montaba de tal forma que la pirámide inferior quedaba completamente oculta en el engranaje del anillo y la mitad superior sobresalía con orgullo. Las cuatro caras de esta punta superior que quedaba al descubierto reflejaban la luz.
La estructura de estos diamantes refleja el simbolismo de las pirámides egipcias. Solía creerse que enterrada bajo la pirámide había una parte inferior -la mitad mala- que tenía exactamente las mismas proporciones y formas.
Lejos de sentirse obligados a realizar monturas laboriosas y cerradas, los orfebres de finales de la Edad Media utilizaron la imaginación y una visión romántica en sus diseños a fin de incrementar el prestigio del diamante. Fueron introduciendo los diamantes "hog-back", que compusieron unos engastes aún más sofisticados, por ejemplo rosetones, letras del alfabeto, y el símbolo de la Virgen, la flor de lys, un apropiado emblema para la inocente y joven novia.
Al mismo tiempo, inscribían "posies"(o poemas breves) en los aros de los anillos, inscripciones que solían quedar ocultas en el interior. Estas secretas palabras de amor podían ir decoradas con rosas que recibían el calor de los rayos del sol. Todo ello resaltado por vívidos esmaltes. Existen muchos ejemplos de tales mensajes en los anillos. Ana de Cleves, que contrajo matrimonio con Enrique VIII en el siglo XVI, llevaba esta optimista inscripción en su sortija de boda: "Que Dios me guarde".
Pero aunque fueron tan frecuentes en los anillos de los siglos XV y XVI, las inscripciones de carácter devoto o amoroso también habían sido populares en la antigüedad. Una inscripción grabada en la sortija griega de esponsales que data del año 400 A.C. aproximadamente ostenta una sola palabra: "Cariño"
A finales del siglo XV se produjo el primer adelanto verdadero en relación con las técnicas de tallado y, de esta forma, se descubrió ante la opinión pública una forma completamente nueva: la talla en tabla. Para conseguirla, la punta piramidal de la piedra se frotaba con polvo de diamante... el primer paso hacia el pulido moderno, la primera vuelta de llave que dejaría al descubierto el fuego y el brillo oculto del diamante. La talla en tabla se convirtió en una característica importante de los anillos de diamantes del siglo XVI.




EL SIGLO XVI

LA VENERABLE COMPAÑÍA DE LOS ORFEBRES, 1513

El diamante otorga fuerza y virtud al hombre que lo lleva y
le libra de agravios, duelos y tentaciones y del veneno.
También mantiene íntegros sus huesos y sus miembros.
Destierra la ira y la lujuria. Enriquece en valor y bondad a
quien lo lleva. Más vale que lo lleven los hombres
estúpidos y que sirva de defensa contra los enemigos. Pues
quien lo lleve será más amado por Dios. Mantiene la
semilla del hombre en la matriz de la mujer, ayuda al niño
y conserva todos sus miembros.

El matrimonio de la Virgen.

Pintado por el joven Rafael en 1504. Fue encargado como un retablo dedicado al anillo de la Virgen para una iglesia de Citta di Castello. Según la "Leyenda de oro", los pretendientes de María, una Virgen del templo, debían entregar varas al Sumo Sacerdote. El hombre cuya vara floreciera obtendría la mano de la Virgen. José fue el afortunado y se le representa con la vara en flor en una mano y un anillo en la otra. A la izquierda se encuentran las otras vírgenes del templo, y a la derecha, los pretendientes rechazados, uno de los cuales está rompiendo su vara contra la rodilla en señal de enojo y frustración.

La rareza comparativa de la sortija de diamantes planteó un reto a los orfebres del siglo XVI, cuyas habilidades, fomentadas por el mecenazgo real, alcanzaron la cima de la perfección. Aquellos exquisitos diseños, con sus aros cincelados, sus laterales de formas arquitectónicas o escultóricas decoradas con suaves esmaltes y combinados con piedras puntiagudas o en tabla, nunca han sido superados. Los orfebres idearon además una nueva forma de hacer resaltar los diamantes: colocar una laminilla de plata bordeando el engaste, lo cual acentuaba la luz blanca y pura de la piedra.
Los valores simbólicos del diamante, unidos a su belleza absoluta hacían que fuera sumamente apreciado en los esponsales y bodas reales. La sortija de boda del Duque Albrecht V de Baviera fue engastada con dieciséis diamantes en forma de roseta, lo que constituía un logro verdaderamente extraordinario para las labores de pulido y engaste del siglo XVI. Uno de los tres anillos utilizados en el matrimonio de María Estuardo y Enrique Darnley, celebrado en Holyrood en 1565, fue esmaltado en rojo y engastado con un diamante. En un momento en el que temió morir de sobreparto, María legó el anillo a su esposo recordando de forma conmovedora que era "la sortija con la que él la había desposado". Cuando el hijo de María, Jacobo I, contrajo matrimonio con Ana de Dinamarca en 1589, los diamantes fueron elegidos una vez más para la sortija de boda, que era "de oro esmaltado y con cinco diamantes".
Una miembro de la realeza que renegó de la sortija de boda con diamantes y se opuso a llevarla fue María Tudor. Para su matrimonio con Felipe II de España celebrado en 1554, escogió una sencilla alianza de oro. "Las doncellas se casaban así antiguamente", observó con aspereza. Sin embargo, irónicamente, cuando sólo contaba dos años de edad y no era capaz de expresar sus opiniones, la joven princesa María había contraído matrimonio por poderes con el pequeño Delfín de Francia. El Cardenal Wolsey colocó entonces en el dedo de la niña un diminuto anillo con un enorme diamante engastado en él.
Las habilidades técnicas de los orfebres del Renacimiento produjeron ahora un nuevo estilo de sortija de matrimonio, el "gimmel" (del latín "gemmelli": gemelos). El "gimmel", o anillo gemelo, lleva dos aros, a veces tres, que se despliegan en abanico desde el centro de la base. Al cerrarse, los aros se unen tan perfectamente que sólo se ve un único anillo. Esta alusión simbólica al matrimonio era realzada aún más mediante una inscripción grabada en el aro y extraída de la ceremonia nupcial: "LO QUE DIOS HA UNIDO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE". Martín Lutero contrajo matrimonio con Catherine Bora en 1525 levando un anillo grabado como este.
Al margen de esta clase de sentimiento, un diamante puntiagudo y afilado era sumamente codiciado para escribir sobre el vidrio. Muchos miembros de la nobleza disfrutaban de esta caprichosa forma de coqueteo, entre ellos Isabel I, quién intercalaba con Sir Walter Raleigh enigmáticas palabras grabadas sobre cristal de la ventana.
"Con gusto me levantaría, pero temo caer"
A lo que Isabel garabateaba esta respuesta:
"Si el corazón te falla, a levantarte no has de volver"

Pese a que el diamante disfrutó de gran estima en el siglo XVI, aún se mostró más bello en el siglo siguiente.




EL SIGLO XVII

ALLAN RAMSAY, "EL PASTOR BONDADOSO", 1685-1758

Igual que el diamante en bruto de la mina
Sólo muestra su luz al quebrarse
Y no reluce hasta que es pulido,
Así el saber hacer brillar e genio.


Retrato del matrimonio del príncipe Guillermo de Orange y la princesa María de Inglaterra - en 1641, por Van Dyck.
María, de 10 años de edad e hija de Carlos I, y Guillermo de Orange, de 15 años, aparecen con sus galas nupciales, incluidas las joyas de ella. Guillermo sostiene el dedo de la novia, en el que hay una sencilla alianza de oro que ofrece un natural contraste con el broche de diamantes, facetados según la moda imperante en la época.
Alrededores del año 1600 el "gimmel" se unió a otro símbolo romántico, las dos manos agarradas de la "fede" (término italiano que significa "fe"). Los aros enlazados del "gimmel" terminan en unas manos que se unen cuando el anillo está cerrado. A estos símbolos se añadió un tercero, el corazón. En las sortijas especialmente elaboradas, un par de manos esmaltadas sujetan un gran corazón de diamante.
Otras sortijas del siglo XVII están adornadas con corazones inflamados de deseo, atravesados por las flechas de Cupido, coronados como justa recompensa a la fidelidad, sujetos por una única mano o agarrados por dos. Estos diseños eran engastados con diamantes en rosa y en tabla. Gustavo Adolfo de Suecia regaló a su novia, Elba Brahe, como anillo del amor un exquisito corazón de rubí rodeado de diamantes.
En completo contraste con esta atmósfera en la que imperaban los símbolos románticos, los puritanos, reaccionando contra el ritual eclesiástico, intentaron por todos los medios que se aboliera el anillo de boda. No lo consiguieron.
Aunque las sortijas "posy", esmaltadas con ramilletes de flores y con la inscripción en el interior del aro, fueron las más utilizadas en las bodas del siglo XVII, las sortijas de compromiso con diamantes tenían también un gran atractivo. En el casamiento por poderes de María de Módena con Jacobo II, celebrado en 1673, fue colocado un gran diamante -probablemente en talla rosa- en el dedo de la novia, que contaba 15 años de edad. Cuando en 1719 su hijo Jacobo Estuardo (el antiguo pretendiente al trono inglés) contrajo matrimonio con la princesa polaca Clementina Sobieska en Italia, fue utilizada esta misma sortija en la ceremonia.

esmeralda

Las sortijas de boda del siglo XVII solían llevarse en el pulgar, aunque durante la ceremonia nupcial se utilizara el cuarto dedo prescrito. Esta costumbre de colocarse el anillo en el cuarto dedo tiene su punto de partida en el sacerdote oficiante de la ceremonia nupcial cristiana, que tocaba con el anillo tres dedos de la mano izquierda: "En el nombre del Padre... del Hijo... y del Espíritu Santo", y terminaba con el anillo en cuarto dedo.
Una leyenda más romántica afirma que la vena que parte del cuarto dedo va directamente al corazón, lugar donde anida el amor.
En 1668, Samuel Pepys escribió que su tía estaba "enormemente orgullosa de su sortija de boda, que recientemente ha sido engastada con diamantes". El locuaz Samuel relata también que las sortijas "posies" seguían siendo una costumbre nupcial fuertemente establecida, y apunta que mientras se asaba el cordero su familia confeccionaba el poema para la sortija de boda de Roger Pepys
La composición de estos "posies" requería una gran dosis de reflexión. Algunos reflejan la estricta moralidad de la influencia puritana con grandes aspiraciones de tipo religioso:
"Ruego a Dios nos convierta en una pareja
como la que formaron Isaac y Rebeca."

Pero muchos más poseen encanto e ingenios:
"Ama a quien este anillo te dio,
Pues en tu vejez te colmará de amor".

El relativamente sosegado brillo de la sortija de diamantes del siglo XVII, los racimos de piedras pequeñas, en tabla o en rosa, montados en oro y esmaltados en negro o azul con toques de luz blanca poseen una suave belleza y dignidad que hacen a los anillos del amor de este periodo sumamente atractivos.




EL SIGLO XVIII

DEL FRANCÉS:


Lo más excepcional del mundo, después de un
espíritu perspicaz, son los diamantes...

El columpio.

Fue pintado por Jean Honoré y Fragonard y constituye una suma de su arte y de su siglo. Encargado para el deleite de un Barón, capta el espíritu y la moralidad de su época. La doncella del columpio, empujada por un obispo, deja volar sus faldas por el aire y lanza un zapato, mientras, desde abajo, un joven enamorado se desvanece ante tan exquisita visión
"Te coronaré con una guirnalda de paja,
y te desposaré con un anillo de junco"

El empleo de anillos de junco para celebrar la alianza de una pareja estaba reservado principalmente a los enlaces indecorosos. Al igual que el diamante es el símbolo de la duración, el anillo de junco era efímero como la unión que bendecía. Sin embargo, el siglo XVIII proporcionaba a los acaudalados y a los instruidos una centelleante constelación de anillos de boda y esponsales.
El hallazgo de diamantes en Brasil incrementó de forma espectacular la provisión de estas piedras; las joyas de diamantes se convirtieron en el principal interés del joyero. Al mismo tiempo, la mejora de iluminación por velas significaba que podían celebrarse un mayor número de acontecimientos sociales por la noche, momento en que estas centelleantes piedras podían ser contempladas en su máximo esplendor. Todas las damas elegantes gustaban de aparecer con los dedos reluciendo a causa de los diamantes, que podían ser blancos, y de color. Ninguna otra piedra preciosa poseía el carisma del diamante, por lo que éste se convirtió en el cómplice favorito de la mujer en sociedad.



A fin de satisfacer el deseo de que el diamante emitiera destellos, las técnicas de pulido volvieron a perfeccionarse y las tallas en rosa fueron desbancadas por el brillante redondo. Los engastes fueron recortados con el propósito de dejar al descubierto una parte mayor del diamante; y para mostrar aún más el blanco destello de la piedra, los diamantes fueron engastados en plata a fin de incrementar su blancura y su brillo. Del mismo modo, la antigua técnica de bordear los engastes con laminillas de metal coloreado siguió utilizándose con el propósito de dar realce a otras piedras: el color rojo para rubí y el verde para esmeraldas.
Desde 1760, aproximadamente, la parte interior del anillo era recubierta de oro para evitar el deslustre que se produciría con el roce del dedo de la dama.
A mediados del siglo XVIII, el diseño acusó la influencia del despreocupado espíritu rococó. Ahora, que ya se aceptaban igualmente diamantes coloreados y los blancos, las piedras fueron convirtiendo de forma gradual en el centro de atención del diseño. Existían numerosas variantes del tema de los corazones, que podían aparecer engastados con diamantes blancos y coloreados, atravesados por flechas, enlazados y coronados, o atados en un nudo de enamorados.
A partir de la década de 1770, dichos emblemas fueron sustituidos por declaraciones amorosas escritas con letras de diamantes -RECUERDO, AMITIE, AMOUR-, en engastes planos esmaltados en azul oscuro y enmarcados con perlas o diamantes de talla en rosa. También existía una ingeniosa ampliación del principio del "gimmel", donde cada letra estaba unida a un aro distinto, que al unirse a los demás formaba un anillo.
Las femeninas, bellas y delicadas joyas llenas de color de este tipo eran la perfecta expresión del gusto elegante y refinado del periodo.
Los anillos que simbolizaban el amor eran sumamente apreciados, y, más que ninguno, la sortija de compromiso. Los anillos protectores, precedentes de las alianzas de aniversario con diamantes que se regalan en la actualidad como símbolo de la durabilidad del amor y que fueron creados para ser llevados encima del preciado anillo, se hicieron sumamente populares. Para salvaguardar su sortija de boda, la reina Carlota colocó junto a él en el dedo otro anillo de diamantes. Dicho anillo se encuentra aún en el castillo de Windsor.
El sentimiento noer exclusivo de las damas elegantes. El gran lexicógrafo, Dr. Samuel Johnson, definió la palabra anillo en su diccionario como: "un instrumento circular que se coloca en los morros de los cerdos y en las manos de las mujeres con el propósito de contenerlos y ponerlos bajo control". Sin embargo, tras la muerte de su esposa, el devoto Dr. Johnson, guardó la sortija de boda de ésta en una caja que llevaba la siguiente inscripción:
"¡Eheu! Eliza Johnson, Nupta el 9 de julio de 1736, Morta , ¡eheu! El 17 de marzo de 1752."
En este siglo la sortija "posy" cambió de tono. En lugar de figurar ocultas en el aro, las inscripciones se encontraban en el exterior esmaltadas de forma decorativa, y los sentimientos denotaban despreocupadas alegrías en vez de solemnes intenciones.
(Irónicamente, el "motto" romántico "sans peur" fue el elegido por la Srta. Annabella Milbanke cuando contrajo matrimonio con Lord Byron en 1815.) La encantadora historia de la sortija "posy" concluyó con la Ley sobre los Anillos de Boda, que al hacer obligatoria la presencia de contrastes completos desterró el espacio necesario para las inscripciones.




EL SIGLO XIX

DE UNA REVISTA FEMENINA DE LA ÉPOCA VICTORIANA

Al igual que la tímida aurora ofrece la promesa del
glorioso amanecer, así sirve de heraldo el anillo de
esponsales -símbolo de compromiso -, como si fuera
un emblema que indicase el cumplimiento de la
solemne promesa.


Las ocho damas de honor que atendían a la Princesa Alejandra de Dinamarca en le día de su boda con el Príncipe de Gales, celebrada en Windsor en1863, admiran el regalo que van a hacerle a la novia: un brazalete con sus retratos en miniatura identificados mediante las iniciales en diamantes de cada una
Al iniciarse el siglo, la mujer, recatada y decorativa, frágil y reverenciada, se hallaba firmemente instalada es su pedestal. Las joyas combinaban a la perfección con su idealizada posición social..., bellas, femeninas, sentimentales. Los símbolos de amor, los corazones, las coronas, las flores, perseguían a la mujer desde el siglo anterior. Y lo mismo ocurría con la sortija conmemorativa. Las sortijas con retratos albergaban el del ser amado, y estaban elaboradas con exquisito detalle. Ocultos en relicarios, broches y sortijas había mechones de pelo de niños o de enamorados que se cuidaban con ternura.
Pero paralelamente a este delicado atractivo tipo de joyas de sentimientos había otra clase que desempeñó un importante papel como símbolo de categoría social durante el siglo XIX.
La revolución industrial significó la fortuna para muchos. El próspero hombre de negocios hacía público alarde des su recién adquirida riqueza cargando de joyas a su esposa.
Los diamantes se cotizaban cada vez más. En 1870, la oferta se equipará a la demanda gracias al importante descubrimiento de las minas de diamantes del continente africano. De pronto el símbolo de categoría social que poseía el diamante quedó al alcance de un sector de público mucho más amplio. Cada vez un mayor número de parejas jóvenes elegía la sortija de diamantes para sellar su compromiso, sortija que solía ser un solitario o una combinación de varias piedras más pequeñas.
Quedó establecido por entonces que la novia podía esperar dos anillos: uno, de compromiso, con una piedra preciosa engastada, y el actual anillo de boda, que en la época victoriana no era más que un fino aro de oro. Los catálogos comerciales de la época muestran la inmensa variedad de diseños existentes, algunos de los cuales podían adquirirse por sólo dos libras. Hay diseños de solitarios, de medios aros, de racimos dobles y sencillos, de abanicos, de panel, de navette, de entrecruzados y de anillos de dos partes, como el "Toi et moi". La talla brillante era la que predominaba. A Peruzzi, un tallador veneciano, se le atribuye la invención de la primera versión de esta talla en 58 facetas; sin embargo, hasta el siglo XX no quedó completamente al descubierto el brillo y el poder del diamante.
La nueva y rica provisión de diamantes en bruto influyó en el diseño, y el engaste perdió la atención especial de que disfrutaba a favor de la propia piedra. El sencillo e inmaculado diamante se convirtió en la cumbre da la moda..., y la nueva y revolucionaria montura Tiffany consiguió que esto fuera más factible que nunca.
Tiffany, la famosa firma de joyeros neoyorquina, inventó un espectacular engaste abierto con un sencillo aro de menta en el que la piedra quedaba suspendida por 6 diminutas patillas o dientes de platino, material que cuenta con la excepcional propiedad de ofrecer una gran resistencia aun cuando haya sido trabajada hasta quedar muy fino. Este engaste permite que la piedra expuesta emita el más amplio juego de luces desde cada una de sus facetas. A diferencia de los engastes antiguos, que sólo dejaban al descubierto la superficie de la piedra y en los que cualquier imperfección pasaba inadvertida, la montura Tiffany constituía un método adecuado de probar la calidad del diamante concediendo una nueva importancia a la talla, al color y a la pureza.
A lo largo de este próspero siglo, nadie disfrutó de las joyas más que la Reina Victoria. Poseía una inmensa colección y gastaba muchos miles de libras en sus adquisiciones a los joyeros de la Corte, Garrard. En 1850, su colección se vio coronada por el Kohi-Noor ("Montaña de luz"), que entonces era el mayor diamante del mundo y que fue regalado por la East India Company.
Probablemente, una de las piezas favoritas de la reina Victoria fuera un sencillo aro esmaltado con un único diamante, regalo de su amado Alberto cuatro años después de su matrimonio. Con posterioridad, la reina Victoria eligió como anillo oficial de compromiso algo menos comedida: un sortija en forma de serpiente. Este tipo de sortija era uno de los símbolos predilectos del siglo XIX. Los anillos del animal, curvados, formando un círculo, representaban la eternidad. Otras versiones más valiosas llevaban los ojos y la cabeza de diamantes.
El siglo XIX presenció cambios trascendentales en el diseño de las joyas. Primeramente imperaba el sentimiento imaginativo y delicado. Durante la década de 1860, la dócil mujer del pedestal bajó de éste para reclamar su derecho al voto y a la educación y para exigir nuevas libertades; en justa correspondencia, las joyas se hicieron mayores, atrevidas rotundas. A finales de siglo surgió un espíritu romántico y librepensador y el Art Nouveau devolvió al diseño una flexible delicadeza.
A lo largo de todos los cambio, la vívida belleza e indestructibilidad del diamante continuó siendo el símbolo definitivo del amor y la felicidad.



EL SIGLO XX

LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS

Los hombres se enfrían a medida que las
mujeres envejecen y al final todos
perdemos nuestros encantos ...
Pero ya sea en talla cuadrada o en diseño
de pera, estas piedras nunca pierden la
forma; los diamantes son los mejores
amigos de una chica.

La constelación Sagitta, La Flecha.

"... el primer rayo dorado de sol atravesó los innumerables prismas de un inmenso y exquisitamente cincelado diamante - y un blanco resplandor se encendió."


Cuando Scott F. escribió "Un diamante tan grande como el Ritz" no carecía de inspiración. Pues en su siglo, este siglo, el diamante ha desarrollado su pleno potencial. Las técnicas modernas de tallado y pulido han conseguido extraer toda la belleza de la piedra de tal forma que dada una de sus facetas irradie luz blanca. Los materiales modernos han librado al diamante de los anticuados engastes, abriendo unos horizontes plenamente nuevos a los artesanos del siglo XIX.
Hacia el año 1900, el platino fue aceptado de forma universal. Por su brillante blancura inoxidable, su durabilidad y su resistencia, el platino recibió el sobrenombre "metal del Cielo". Con el platino como único recurso a mano, el joyero fue capaz de reducir el engaste de la sortija de forma espectacular. El diseño se centraba cada vezmás en la piedra; el engaste fue reducido a la mínima expresión; las metáforas decorativas quedaron relegadas a un segundo plano. El propio diamante constituía todo el simbolismo necesario.
Las tallas se convirtieron en monumentos de perfección matemático: en forma de esmeralda, cuadradas, rectangulares, en forma de pera y navette; engastadas como solitarios o en racimo. Para los millonarios modernos un gran solitario -coloreado o blanco, o bien con un diamante coloreado entre dos piedras blancas- sería una elección a la moda.
"En tallas cuadradas o de pera, estas piedras nunca pierden la forma...", los diamantes han sido siempre los mejores amigos de una chica.
Tentadores diseños aparecieron en los catálogos y anuncios de todas las grandes casas; Harry Winston, el joyero americano; Tiffany; Boucheron, Cartier -primero con diamantes en tallas- bagette de contorno geométrico. Estos y otros utilizaron profusamente los materiales y técnicas modernos.
Las imaginativas habilidades de los diseñadores del siglo XX continuaron deleitando a los enamorados con nuevas y exquisitas formas de presentar estas románticas piedras. En fecha tan reciente como 1981, el gran fabricante alemán Niessing inventó el anillo con engastes de tensión en platino, donde el diamante flota como si estuviera mágicamente suspendido entre dos mitades de aro.
La reina Victoria no fue la única soberana que fue obsequiada con un diamante histórico. En 1905 se descubrió el Cullinan. Con un tamaño doble al de cualquier otro diamante encontrado hasta entonces, esta noble piedra fue entregada, en estado bruto, al rey Eduardo VII, que se tomo un gran interés personal por la talla del Cullinan. Esta aterradora hazaña fue llevada a cabo en Amsterdam por Joseph Asscher el 10 de febrero de 1908 exactamente a las 14,45. El pobre hombre se desmayó a la s14,46, hora en que cayó la hoja cortadora. Las nueve piedras principales extraídas del Cullinan forman parte de la colección real en la actualidad. La tercera y la cuarta piedras son utilizadas a menudo por la reina como broche y reciben el nombre cariñoso de "los cristalitos de la abuela".
La actual reina posee la más hermosa de las sortijas de compromiso, Dicha sortija fue diseñada personalmente para ella por el Príncipe Felipe. Las piedras, que eran joyas de familia, procedían de una diadema que había pertenecido a la madre del Príncipe, la princesa Andrew de Grecia. La sortija de platino lleva engastados 11 diamantes, un solitario central de tres quilates y cinco piedras más pequeñas en cada lateral.
Nancy Mitford observó en cierta ocasión que "el diamante posee unos curiosos atributos psicológicos para la mentalidad femenina, por muy sencilla que ésta sea", y comparó su magia con un filtro amoroso. Incluso en el mundo moderno, el filtro amoroso de los diamantes continúa ejerciendo su magia para todos.
Cualquiera que sean los cambios y movimientos que se produzcan en la moda en el ámbito de la joyería, la sortija de compromiso con diamantes sigue siendo, indiscutiblemente, la prueba de amor más deseada para la novia del siglo XX



"Los ricos son inestables
Y la belleza se desvanece,
Pero el amor fiel durará siempre
Hasta que la muerte lo ale
je."

Pese al escepticismo que reina en la actualidad en relación con los poderes mágicos de las piedras preciosas, el diamante - que es intrínsecamente la principal y más hermosa de todas las gemas- siempre será en su brillante indestructibilidad el símbolo supremo de la unión de dos seres enamorados.

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